
Tu muerte se borró de la memoria, probablemente por ficticia.
Lo que perdura es tu reaparición: gloriosa, plena, gozosa.
Parte del pensamiento es la pregunta: “Mujer, ¿por qué buscas entre los muertos a quien vive?” Y varios días después, ya en camino, las fascinantes palabras: “Estarán bien en la casa del padre, aprenderán mucho”.

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